Reacciones emocionales de las personas que viven una situación de violencia

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Hablar sobre violencia cuando la hemos vivido en carne propia, no es nada fácil. Mucho menos cuando existen mecanismos socialmente construidos para que, como víctima, nos quedemos calladas, o como perpetrador, lo justifiquemos. Sin embargo, poder ponerle nombre a nuestra realidad, nos otorga seguridad, nos ayuda a sensibilizarnos y comprender, para saber pedir ayuda o, en su caso, ayudar. Para construir un espacio que facilite la prevención, la denuncia y el apoyo en estas circunstancias.

Con ese fin, les comparto la siguiente lista que el Instituto Nacional de Salud Pública identifica como las reacciones emocionales más comunes de víctimas y perpetradores de violencia, descritas en el Programa de Reeducación para Víctimas y Agresores de Violencia de Pareja, dentro del marco de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia:

Negación

Este es uno de los mecanismos más usados por víctimas de traumas severos (por ejemplo, tortura, sobrevivientes de guerra, de desastres y de asaltos). Es la minimización o negación del hecho o de que la violencia existe. Recuerda que es importante reconocer el proceso de negación en la mujer maltratada y no confundirlo con el mito de que “le gusta el maltrato”. Como resultado de este proceso, es frecuente encontrarse con comentarios de las mujeres  como los siguientes: “Sólo me empujó, realmente no quería hacerme daño” “El es un buen  hombre, sólo que a veces pierde los estribos”, “No me pasó nada, sólo me caí”, “Esto es algo sin importancia pronto va a cambiar”. Esta reacción en la mujer maltratada le permite  sobre llevar la situación.

Desensibilización o evitación

Implica desconectarse física y emocionalmente en los momentos de mayor intensidad de los golpes, ya sea cuando se reciben o se ataca a otra persona; este proceso va produciendo una mayor “tolerancia” al incremento en la severidad de los golpes o del maltrato; tanto la negación como la desensibilización conllevan una pérdida en la evaluación del peligro real de los episodios de violencia. La desensibilización se advierte, por ejemplo, cuando la mujer o el hombre no expresa ninguna reacción emocional al momento de hablar de los episodios violentos (incluso atroces), ya sea ejercidos o perpetrados en otra persona. Habla con “aparente” tranquilidad, lo cual manifiesta cómo la víctima sobreviviente o el agresor  perpetrador han evitado el contacto con el dolor y el sufrimiento que producen las heridas (físicas y emocionales) de la violencia. En el caso de quien las experimenta en su persona, este mecanismo es una forma de supervivencia. Esta reacción también se presenta en sobrevivientes de guerra y de tortura.

Naturalización

En algunos casos, tanto hombres como mujeres que han presenciado la violencia en su familia, generación tras generación, incorporan como un mandato social que esta situación es parte de la realidad de la vida familiar. Aguantar la violencia masculina es parte del deber ser de las mujeres, aunque estas características pongan en peligro su bienestar y el de la familia. Así, se expresan comentarios como el siguiente: “¿Que le vas hacer, hija? Es tu cruz”. Muchas mujeres maltratadas al buscar ayuda entre la familia, las vecinas, la iglesia, encuentran este tipo de respuestas y van “resignándose” y “naturalizando” la violencia que sufren. Es común encontrar casos de mujeres maltratadas, a quienes sus propias madres recomienden aguantar su cruz, como ellas lo han hecho por años. Además, abundan  recomendaciones de otros hombres y otras mujeres de la familia que promueven en los hombres el ejercicio de poder y control de su pareja.

Autoculpabilización

Es frecuente encontrar en las mujeres maltratadas expresiones tales como “fue mi culpa, no tuve la comida a tiempo”, “debí haberme quedado callada”, que indican que las mujeres se sienten responsables de haber “provocado” las reacciones de enojo del abusador. Aquí se advierte la apropiación, por parte de las mujeres, de mitos o ideas erróneas en torno al maltrato, donde el peso social de la culpa recae siempre en ellas y deja libres de responsabilidad a los hombres, es decir, a quienes ejecutan la violencia. Esta reacción forma parte del tipo de socialización de las mujeres en nuestra cultura, en donde se distribuyen las “culpas” de manera diferenciada entre hombres y mujeres.

En síntesis, algunas reacciones emocionales frecuentes en mujeres maltratadas son la negación, la desensibilización o evitación, la naturalización y la autoculpabilización.

Imagen por cortesía de MVS Noticias.

 

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