Masculinidad, Ansiedad y Depresión

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Recuerdo la primera vez que hice 225 libras en bench press. Estaba en mis 20’s y después de ser un larguirucho que sólo podía levantar apenas 145 libras, celebré mi logro con más emoción de la que realmente merecía.

225 libras no es mucho peso para un levantador de peso serio o para la mayoría de los atletas profesionales, pero lo era todo para mí.

Lo era todo porque 225 libras parecían masculinas. Lo era todo porque 225 libras en bench press parecía ser el epítome de la fuerza. Lo era todo porque la fuerza es con frecuencia considerada como la recompensa más deseable que un hombre puede poseer en nuestra cultura.

He ido al gimnasio consistentemente por los últimos casi 10 años, pero nunca pensé por qué lo hacía. Durante mucho tiempo, ir al gimnasio era simplemente mi estándar. Pero en el curso de una búsqueda personal examinando mi comportamiento de cerca, comencé a pensar en la razón por la que voy al gimnasio. Y encontré que no era porque ir al gimnasio es saludable. O porque me hace salir de la casa y me pone a hacer algo. Por lo menos, estos no eran los motivos principales por los que voy.

Asisto al gimnasio porque es masculino. Porque, después de años de ir al gimnasio, puedo tirarme al suelo y hacer 50 lagartijas. Puedo agarrarme de una barra y subir 50 veces. Puedo  poner 225 libras en el bench press y hacer unas cuantas repeticiones.

Sé que esto no significa que sea fuerte ni dice nada sobre la persona que soy, y no te digo esto para presumir o porque con ello espero impresionarte.

Estas cosas no son sorprendentes y no son nada de lo que se pueda presumir. De hecho, no se trata sobre cuánto peso puedo levantar o cuantas barras puedo hacer.

Se trata de cómo es que tratamos de esconder las cosas que no queremos que otros vean. Se trata de cómo tratamos de esconder estas cosas incluso de nosotros mismos. Se trata de cómo reaccionamos cuando nos damos cuenta de que no somos quienes se suponía que deberíamos ser, y cómo tratamos de escapar de esta realidad.

Se trata de la esperanza de que sea lo que haga en el gimnasio, eso me distraiga del hecho de que me siento deficiente de tantas otras maneras.

Se trata sobre el hecho de que, en la idea mayormente ignorante y estrechamente definida de cómo se supone que un hombre debe actuar y sentir, la depresión y la ansiedad no son masculinas.

Se trata sobre el hecho de que si no puedo actuar como un hombre o sentirme como un hombre, por lo menos puedo verme como un hombre en la idea mayormente ignorante y estrechamente definida de cómo se supone que un hombre debe verse.

Se trata sobre el hecho de que voy al gimnasio porque me hace aparentar que soy fuerte. Incluso si me siento todo menos fuerte por dentro, por lo menos no tengo que aparentarlo en el exterior.


No puedo definir la masculinidad  de manera que parezca una secuencia coherente y concisa de palabras. Pero sé lo que no es masculinidad.

La depresión no es masculina.

Sentir que la vida no tiene sentido y querer rendirse no es masculino.

Los ataques de pánico y ansiedad no son masculinos.

Estar aterrorizado de vagones del metro atiborrados de gente no es masculino.

Existe algo particularmente humillante sobre los ataques de pánico. Sobre tu mente tomando el control del volante y conduciendo a tu cuerpo hacia un barranco. Si fuese más fuerte, según dice la norma, sería capaz de evitar que esto suceda.

Existe algo particularmente humillante sobre la depresión. Sobre los sentimientos de que no tiene sentido seguir vivo y que nada tiene esperanza y que todo es ridículo. Si fuese más fuerte, según dice la norma, sería capaz de evitar sentirme así.

Un verdadero hombre se supone que no sufre depresión. Un verdadero hombre se supone que se enoje.

Un verdadero hombre se supone que no tiene ataques de ansiedad y pánico. Un verdadero hombre se supone que luche a través de los ataques de ansiedad y pánico y deje de ser tan mariquita.

Un verdadero hombre se supone que debe devorar un bistec gigantesco y sangriento y golpear algo fuertemente con su puño y gritar sobre lo que ocurre en la televisión y después tal vez objetificar una que otra mujer antes de seguir con su vida.

¿Acaso Clint Eastwood se deprime? Claro que no. Vocifera un momento y luego les dice a todos que se vayan de su jardín.

¿Acaso un héroe en las películas de acción tiene ataques de pánico antes de salvar el mundo? Claro que no. Él patea traseros, apunta nombres en su lista, y se gana a la chica.

Si ves la masculinidad a través de este lente estrecho e ignorante, la ansiedad y la depresión son todo lo que un hombre se supone que no debe ser. La ansiedad y la depresión desafían la masculinidad porque no hay nada masculino en necesitar ayuda.

En este contexto estrecho e ignorante, la ansiedad y la depresión hacen a una persona débil. Y ser débil es exactamente lo que un verdadero hombre no debe ser.


 

Tuve un entrenador en la preparatoria que dijo que la depresión no era real. Que no había motivo para que alguien quisiera quedarse en cama todo el día o para que no pudieran siquiera comer un poco.

«Simplemente sal de la cama. Sólo cómete un pinche sándwich. No es tan difícil.» Diría él sobre las personas con depresión.

Ésta es una forma ignorante y destructiva de hablar sobre la depresión, pero no deja de ser un modo de abordarlo.

Sólo tengo 30 años, pero la conversación sobre salud mental que estamos teniendo hoy no existía cuando estaba creciendo (o por lo menos, no estaba tan presente como lo está hoy). Por eso, no escuche hablar mucho sobre depresión y ansiedad cuando era más joven, y cuando se mencionaban, era mayormente de formas ignorantes y destructivas.

Pese a que las cosas están cambiando, muchos niños y hombres jóvenes continuarán escuchando hablar sobre depresión, ansiedad, y otras condiciones de salud mental de maneras ignorantes y destructivas.

Y esta realidad puede llevar a una lucha desesperada y dañina para evitar lo que sea que son los opuestos de poder y fuerza y masculinidad. Puede llevar a la negación y el rechazo de ayuda o de decirle a alguien qué es lo que está pasando porque no es masculino.

Y últimamente, debajo de mucho conflicto y mucho dolor, está el miedo.

Pero a veces lo más terrible no es aquello contra lo que luchamos. Lo más terrible es lo que pensarán que somos las personas y la manera en que nos tratan como resultado de aquello contra lo que luchamos.


Hay algo misterioso sobre la ansiedad y la depresión. Sobre lo difícil que es comprender por qué me siento ansioso o deprimido y cómo puedo sentirme mejor. Sobre por qué todo está bien hoy pero mis síntomas estarán tan intensos mañana. Hay un nivel de impotencia sobre esta experiencia que es extraordinariamente abrumador y frustrante. Eso me deja sintiéndome débil y frágil y cientos de otras cosas que no son lo que un verdadero hombre se supone que sienta.

Pero no hay nada misterioso sobre ir al gimnasio. Cuando estoy en el gimnasio me puedo sentir como un hombre. Como chingados sea que un hombre debe sentirse. Durante esa hora en el gimnasio, no soy depresión y ansiedad. El gimnasio provee una prórroga de la vergüenza y el miedo de no poder dar el ancho de lo que un verdadero hombre se supone que es.

Y pienso que ése es el atractivo del gimnasio. Más allá de la idea de que si no estoy actuando como un hombre o sintiéndome como un hombre por lo menos puedo verme como un hombre, hay algo sobre el gimnasio que me da una sensación de control. Eso me ayuda a sentir que mis pies están sobre la tierra y que me estoy haciendo más fuerte.

Lo cual es, por supuesto, exactamente lo contrario a cómo la ansiedad y la depresión me hacen sentir.


Basado en la forma en la que generalmente hablamos cobre masculinidad, la palabra en sí pareciera ser un sinónimo de fuerza. Ser un hombre y ser fuerte están tan entrelazados que da la impresión que es imposible separar la idea de masculinidad de la de fuerza. Pero no creo que el problema es que esas dos palabras sean inseparables.

Y no creo que el problema sea cuanto énfasis ponemos en que los hombres sean fuertes.

El problema es cómo definimos la fuerza.

El problema es qué clasificamos como débil.

El problema es lo que hacemos por conseguir esa falsa definición de fuerza y lo que hacemos ara evitar ser juzgados débiles.

El problema es lo que tenemos que sacrificar al perseguir algo que pierde el sentido de lo que realmente significa ser fuerte.

El problema es lo que pensamos de alguien que se sale de la definición estrecha e ignorante de fuerza y masculinidad.

El problema es el miedo que inspira hablar de la depresión y la ansiedad como una debilidad.

El problema es que muchos hombres n están recibiendo ayuda porque son incapaces o no están dispuestos a admitir que necesitan ayuda por miedo a que hacerlo diga algo sobre su masculinidad.

Pero el problema no es la masculinidad.

El problema es la forma estrecha e ignorante en la que definimos la masculinidad.

Y para muchos hombres, la ansiedad, la depresión, y otras condiciones de salud mental se salen de la definición de masculinidad haciendo que el silencio y el sufrimiento parezcan la única opción.

IMPORTANTE: Ésta es una traducción del artículo original, escrito el 20 de septiembre, 2016, por CHARLIE SCATURRO.

Para ver el artículo original, haz click aquí.

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